Antonio Hernando es un apasionado del magnetismo, un ámbito al que ha volcado toda su brillante carrera y en el que ha sido catedrático durante casi 40 años. Entre sus logros, que son muchos y excepcionales, destaca el hecho de que es cofundador del Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), donde sigue colaborando activamente en la actualidad. Ahora, la sección de El Confidencial "Hacia un futuro mejor", le ha dedicado un artículo que reproducimos por su interés.

El físico Antonio Hernando (Madrid, 1947) ha dedicado su carrera al magnetismo, campo en el que ha sido catedrático durante casi 40 años. Acaba de comenzar su jubilación, pero nos atiende desde el mismo Instituto de Magnetismo Aplicado que ayudó a fundar, uno de los más antiguos de España. Dos minutos de conversación bastan para ver que sigue enamorado de la ciencia como el primer día.

El magnetismo es una rama de la física con sinfín de aplicaciones y cuesta encontrar una con la que Hernando no haya trasteado. Algunos de sus ‘inventos’ incluyen un esfínter artificial para enfermos de próstata, un sensor de válvulas cardíacas, la famosa pulsera antimaltratadores y una pintura antirradar que llegó a interesar al Pentágono.

También ha estudiado el registro de la actividad cerebral mediante la captación de campos electromagnéticos, base de las resonancias que hoy hace cualquier hospital. “Lo difícil ahora es encontrar tecnología avanzada que no utilice magnetismo, esa es la pregunta difícil”, exclama Hernando.

La conversación se corta por el ruido de una locomotora: “Incluso el tren funciona por campos electromagnéticos”. Sí, el trabajo del investigador también ha servido para mejorar el rendimiento de los trenes de alta velocidad. “Lo difícil ahora es encontrar tecnología avanzada que no utilice magnetismo”.

Imanes y campos magnéticos han mejorado nuestras vidas, pero no han faltado quienes se han aprovechado de esta ciencia para vender pulseras falsas y agua imantada. También crear miedo sobre el peligro de los campos magnéticos para la salud, con el fin de ganar dinero. Estas frivolidades molestan tanto a Hernando que en 1999 cofundó el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS), destinado a ofrecer al público información clara y veraz sobre este tema. “No tiene sentido la pregunta de si los campos electromagnéticos son malos o buenos, porque depende de las dosis”, explica el investigador.

Hernando recuerda que hasta el día de hoy “no se ha observado un efecto nocivo” para las intensidades que pueda emitir un móvil. Al fin y al cabo, la vida en la Tierra evolucionó rodeada de los campos producidos por el Sol y la atmósfera. “Hay que investigar y ver, lo que no hay que hacer es hablar y saber”, añade.

El amor de Hernando por la ciencia es tal que ni la jubilación podría separarlos. “Vengo del Centro de Biología Molecular porque me han propuesto colaborar con el Proyecto Vallecas para el estudio del alzhéimer”, comenta. Este consiste en el desarrollo de un algoritmo que permita identificar individuos en riesgo. Hernando se encargará de ayudarles con la parte de matemáticas y física. “¡Estoy encantado!”, asegura.

También se dedica a la divulgación en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Hernando considera que a la investigación española le falta tradición, sensibilidad y cultura científica. “No hemos tenido en la historia científicos suficientes en proporción a lo que merecería este país”. A pesar de este “retraso”, se muestra optimista: “Hay un déficit pero poco a poco se superará. Estamos atravesando un momento malo respecto a lo que veníamos y eso se nota mucho, pero son fluctuaciones en una línea ascendente. Estamos mucho mejor que antes, pero no respecto a hace diez años”.

Espero haber tenido discípulos que puedan seguir transmitiendo estas pasiones”. El investigador también defiende el diálogo entre universidad y empresa como fundamental. “Tenemos la tendencia a despreciar lo que ignoramos”. Considera que científicos y empresarios deben verse mutuamente como parte “importantísima” de la economía de un país.

En el caso de los segundos, considera que también deben entender que la ciencia es una cultura imprescindible. “Aquella persona que pasa por el mundo sin saber los rudimentos de las matemáticas, de la física, de la biología, está condenado a vivir como un extranjero”, asegura citando a Ernst Mach. “Es lo que quiero transmitirle a los empresarios”.

Mientras Hernando se afana en su misión, el instituto que ayudó a fundar sigue en marcha. El laboratorio en el que tiene lugar la entrevista recibe el nombre del mentor de Hernando, Salvador Velayos, quien le transmitió su amor por el magnetismo. “Espero haber tenido discípulos que puedan seguir transmitiendo estas pasiones”, comenta el físico. Por el trajín que se observa en el centro, la respuesta parece afirmativa.

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