Durante las últimas semanas se están moviendo por WhatsApp y redes sociales diferentes vídeos en los que supuestamente vemos, en gente que en teoría ha recibido la vacuna contra la COVID-19, cómo un imán (u otro objeto metálico) se ‘pega’ en la zona del brazo que ha recibido el pinchazo. En estos vídeos se asegura que las vacunas llevan "metales pesados" y que son capaces de transmitir "capacidades magnéticas". Como ya explicamos en Maldita.es, se trata de un bulo.

Alberto Nájera, profesor de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Castilla-La Mancha y vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS), es contundente al respecto: “No, una cuchara que se pega en el brazo no demuestra absolutamente nada en relación al electromagnetismo”. Para demostrarlo, ha realizado y grabado cuatro experimentos con imanes y diferentes metales y pequeños objetos. 

¿Estamos midiendo lo que queremos medir?

Como explica Nájera a Maldita.es, “la clave en las investigaciones, en general, es que siempre se debe garantizar que se esté ‘midiendo’ o ‘viendo’ lo que realmente se quiere medir o ver”.

“Lo más probable es que, en los casos señalados en los vídeos, estos se adhieran a la piel por efecto de la humedad, de la grasa, de la posición... La gente cree estar midiendo un campo magnético cuando, en realidad, no lo están haciendo”, afirma, para añadir que, "en el caso que nos ocupa, para evitar sesgos o elementos que pudiesen interferir en el experimento, la piel debería estar limpia, seca, con polvo de talco".

Según el experto, es imprescindible ser conscientes de que nuestros sentidos no suelen ser un argumento suficiente: “No son fiables. De ahí la importancia de los diseños experimentales, de la revisión por pares y, sobre todo, de la cultura científica en la sociedad para que no nos dejemos engañar ni por nuestros sentidos ni, en este caso, por un vídeo viral".

¿Cómo se puede comprobar si estamos o no ante un imán? 

Para demostrar que el contenido de los vídeos por los que nos habéis preguntado no es científicamente posible y que una vacuna no tiene la capacidad de hacernos ‘magnéticos’, Nájera propone cuatro sencillos experimentos caseros que muestran qué sucede realmente entre un imán y diferentes tipos de metal. 

Para el primero, el experto utiliza brújulas. Desde el siglo XI, el ser humano ha usado estas herramientas baratas, sencillas y precisas para orientarse ya que, gracias a una aguja imantada capaz de detectar el campo magnético terrestre, apuntan siempre al polo norte geográfico. 

Ahora bien, Nájera recuerda que un imán normal “genera un campo magnético cientos de veces más intenso que el campo magnético terrestre”. Es por ello por lo que utilizar una brújula sería la mejor manera de detectar esas supuestas capacidades magnéticas de los vacunados. “Pero no, no hemos visto ningún vídeo en el que se acerque una brújula a una persona que supuestamente haya recibido la vacuna y se observe cómo la aguja de una brújula baila, se mueve o se reorienta”, como se observa en el vídeo que proponemos a continuación.

Una de las características comunes de los vídeos por los que nos habéis preguntado es la aparición de objetos metálicos que se adhieren a la piel. Si prestamos atención, podemos comprobar que todos ellos son similares: superficies lisas y amplias. “En contacto con una piel húmeda o grasienta, estas superficies se adherirán temporalmente. Eso sí, no hay vídeos en los que estos objetos se queden pegados en una piel con vello o a través de un papel”, adelanta el experto. 

Si el supuesto campo magnético creado por la vacuna fuese tan intenso como para sujetar una cuchara o una chapa de metal, también debería ser capaz de hacerlo a través de un folio o de una tela fina, entre otros materiales. Pero no, este efecto tampoco se muestra en los vídeos virales. 

Hay más: en el vídeo que puedes encontrar bajo este párrafo, Nájera muestra cómo el campo magnético creado por un imán 'se manifiesta a distancia'. Es la causa por la que, si se acerca una cadena de clips, estos se aproximan a él. “No he visto ningún vídeo en el que se muestre esta capacidad a distancia’. Siempre se presiona el objeto sobre la piel para que se quede pegado por ese efecto de succión o adherencia por la humedad o la grasa. [Si la teoría propuesta fuese cierta], sí que se vería ese ‘efecto a distancia’ del cuerpo atrayendo objetos de metal ligeros (una cadena, por ejemplo)”. 

En un tercer experimento, Nájera muestra cómo se comportan diferentes materiales (cobre, zinc, aluminio y hierro) frente a un imán, ya que no todos los metales se ven atraídos por ellos. “En los vídeos virales, todas esas planchas metálicas se ‘pegarían’ a la piel cuando, en la práctica, no todas se verían atraídas por los imanes”, explica el experto. 

A continuación invita a reflexionar sobre otra de las características de este tipo de imágenes: en ninguna se comprueba que la cuchara (o el objeto) que se pega al brazo realmente sea atraída por un imán real. Es decir, no pueden asegurar que el material del que está hecha la cuchara (o el objeto metálico) fuese físicamente susceptible de ser atraído.

Nájera muestra esto con un último experimento en el que utiliza cuatro cucharas de diferentes combinaciones de metales. “Por sus aleaciones, el contenido en hierro o metales que pueden ser atraídos por los imanes es bajo. De ahí que sólo una de las cuatro se ‘pegue’ al imán”, explica el experto.

¿Por qué sería imposible que una vacuna lograse que se nos pegasen imanes en la piel: la cantidad inyectada sería demasiado pequeña para tener ese efecto?

Gabriel Alfranca Ramón, doctor en nanobiomedicina e investigador del CSIC y maldito que nos ha prestado sus superpoderes y Yilian Fernández-Afonsoinvestigadora del Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón (ICMA), han realizado una prueba con nanopartículas magnéticas e imanes para demostrar la imposibilidad de que una vacuna lograse que se nos pegasen imanes en la piel. La razón, como ya explicamos en Maldita.es, es que la cantidad inyectada sería demasiado pequeña para tener ese efecto.

En este pequeño experimento, prueban a diluir las nanopartículas magnéticas en agua desionizada, que evita que las sales del agua “hagan que las nanopartículas se desestabilicen”, según explica Alfranca. En cada tubo, van añadiendo cada vez menos concentración de nanopartículas magnéticas y más agua.

Como podemos observar en el vídeo, la cantidad de nanopartículas magnéticas que se necesitan para sujetar un imán es mayor de lo que podría inyectarse en una vacuna y, además, el líquido no es transparente.

*** Este artículo es una colaboración mensual entre Maldita Ciencia y el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud.

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