Recogemos, por su interes, el texto íntegro de un artículo publicado por el portal Hipertextual en el que se recogen las opiniones del vocal del Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), Alberto Nájera, en el que afirma que la ciencia no demuestra negaciones”, y recuerda que “creo que la evidencia más clara para calmar a la gente es decir que en 30 años todos los llamamientos alarmistas y avisos de que sufriríamos una epidemia siguen sin cumplirse (ya no de cáncer, hablo de otros efectos) y que si hubiera una relación clara, a los niveles habituales, esa epidemia ya estaría aquí”.

Este sábado, 25 de enero, se celebra en todo el mundo una protesta conjunta contra el 5G. En España se han anunciado concentraciones en Madrid, Barcelona, Pamplona, Segovia, Tenerife y La Palma, aunque también han mostrado su interés en unirse a la iniciativa los miembros de plataformas de otros puntos del país. Es el caso de la Asociación Tarifa contra el Radar, desde la que aseguran que la amenaza a la vida en la Tierra que generaría esta tecnología es incluso más inmediata que la del cambio climático, puesto que solo sujetar el teléfono móvil durante unos minutos supone un claro daño para el sistema nervioso y las células.

Dado el alarmismo generado por estas agrupaciones, no es extraño que haya quien se contagie de esos miedos y tema lo que la llegada del 5G pueda hacer a su salud. ¿Pero hay realmente motivos para preocuparse? Lo cierto es que hay otras cuestiones por las que inquietarse mucho más y, desde luego, el cambio climático sí es una de ellas.

5G bajo control

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Imagen: irda

El 5G hace referencia a la quinta generación de tecnología inalámbrica para redes móviles digitales.

Se basa en radiaciones de microondas a frecuencias similares a las que ya se usaban anteriormente, incluyendo las que utiliza la TDT, de ahí que al comenzar a usarse haya sido necesario resintonizar la televisión.

Aparte de todo esto, se incluyen nuevas frecuencias, que harán que la información pueda fluir más deprisa y de una forma mucho más dirigida. Como consecuencia, ya no será necesario el uso de antenas tan grandes como las empleadas actualmente.

Ahora bien, ¿debemos temer a estas nuevas frecuencias o incluso a las que ya se utilizaban con anterioridad? Es necesario partir de la base de que se trata de radiaciones no ionizantes y, como tales, no son capaces de producir alteraciones en el ADN que puedan contribuir al desarrollo de enfermedades como el cáncer. A pesar de eso, es cierto que no es seguro utilizarlas de cualquier modo. Lo ha explicado a Hipertextual con un ejemplo muy sencillo Alberto Nájera, físico, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS). “A nadie se le ocurriría, espero, meterse dentro de un microondas, porque esa radiación es muy intensa, tanto que puede producir calentamiento, por eso los usamos de una frecuencia muy similar a la del router WiFi”, recuerda el experto. “¿Qué está pasando? Pues que uno emite una radiación de alrededor de un millón de veces más intensidad. Por tanto, con este ejemplo sabemos que hay intensidades que producen efectos e intensidades que no producen efectos. A ver, es sencillo, si te bebes un vaso de agua no pasa nada, si te bebes 30, probablemente acabes en el hospital”.

Por este motivo existen instituciones como la Comisión Internacional de Protección de la Radiación No Ionizante (ICNIRP por sus siglas en inglés), cuyo papel es evaluar las evidencias científicas disponibles, determinando a qué niveles se producen efectos. “Esto no afecta solo a los móviles o las WiFi, sino a todo el espectro de radiofrecuencia de 100kHz a 300 GHz, que iría desde la radio AM, FM, TETRA de las emisoras, radioaficionados, móviles, antenas y radares”, aclara Nájera. “Además, evalúan en infrarrojos y el espectro visible-pensemos en la fotodepilación-, mucho más energético que el que nos ocupa con el 5G”.

¿Y qué ha dicho el ICNIRP sobre esta tecnología de quinta generación? Básicamente, que las frecuencias empleadas se encuentran muy por debajo de lo establecido como peligroso. Lo explica en BBC uno de los asesores del comité, el profesor Rodney Croft: "La exposición que produce la 5G ha sido considerada en profundidad por la ICNIRP y se han establecido restricciones debajo del nivel más bajo de frecuencia de radio relacionada que se ha visto que causa daños".

También la Organización Mundial de la Salud ha recordado que las exposiciones de frecuencia electromagnética debajo de los límites recomendados en las regulaciones del ICNIRP no parecen tener ninguna consecuencia conocida en la salud y el Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica (IEEE, por sus siglas en inglés) ha publicado una actualización de sus directrices sobre límites de exposición a radiofrecuencia en la que no se cambia nada con respecto a lo dispuesto en el 3G y el 4G.

Ante esta situación, solo habría que prestar atención a casos muy concretos, como los trabajadores de antenas, cuya exposición sí es mucho más alta. Es precisamente la razón por la que desarrollan su labor con medidores que les alertan en caso de sobrepasar los límites seguros.

¿Qué dicen los estudios?

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Recientemente la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha sido noticia por publicar una columna contra esta tecnología, en la que se pide que se posponga su puesta en marcha hasta que se sepa con certeza que no afecta a la salud y al medio ambiente.

Esta es la petición de los representantes de muchas asociaciones contra el 5G: estudios que afirmen que estas radiaciones no pondrán nuestra salud en peligro. Sin embargo, como bien explica Nájera a este medio, la ciencia no funciona así. “La ciencia no demuestra negaciones”, sentencia. “Yo no puedo demostrar que algo es inocuo, lo que demostraré es si provoca efectos. A día de hoy, tras más de 30 años de exposición generalizada a radiaciones de este tipo (no olvidemos el Sol u otras realmente peligrosas), no tenemos ninguna revisión sistemática o meta-análisis (estudio de estudios que son los que tienen verdadera fuerza en ciencia) que haya descrito efectos sobre la salud a los niveles de exposición habituales”.

En cuanto a la posibilidad de que produzca cáncer, en 2013 la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC) clasificó estas radiaciones en su lista de carcinogénicos en la categoría 2B, en la que se encuentran agentes para los que existen evidencias limitadas de su asociación con la enfermedad en humanos e insuficientes en animales de experimentación. Comparten este lugar en la lista con los polvos de talco y el extracto de aloe vera. Por encima, en la 2A, se encuentran el trabajo por turnos de noche, la carne roja y el mate caliente.

No hay más que ver que, según un estudio llevado a cabo por el Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos, las tasas de cáncer cerebral en este país disminuyeron entre 1992 y 2016, siendo esta una época en la que la telefonía móvil y las tecnologías asociadas a ella han tenido un gran auge.

Resumidamente, los niveles de exposición habituales están miles de veces por debajo de los de seguridad y nadie ha demostrado a esos niveles algún efecto. “Creo que la evidencia más clara para calmar a la gente es decir que en 30 años todos los llamamientos alarmistas y avisos de que sufriríamos una epidemia siguen sin cumplirse (ya no de cáncer, hablo de otros efectos) y que si hubiera una relación clara, a los niveles habituales, esa epidemia ya estaría aquí”.

¿Puede haber problemas más allá de la salud?

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Recientemente, la Organización Mundial de Meteorología (OMM) lanzó un comunicado en el que daba a conocer la posibilidad de que esta tecnología interfiera con las frecuencias empleadas para realizar sus mediciones. Esto, según cuenta el profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha, se debe a que algunas bandas del 5G (26 GHz) están próximas a las que usan los satélites meteorológicos para predicciones de alerta temprana de clima severo (24GHz). De cualquier modo, el anuncio de la OMM no es una llamada al miedo, sino un aviso de la necesidad de prestar atención a esta cuestión. “Se pretenden establecer límites para que no se produzcan interferencias dejando franjas suficientes, desde la OMM han alertado de que se debe controlar”.

Por otro lado, Nájera explica que hay otros puntos que también se deben estudiar en profundidad. “Hay que ver si este incremento de prestaciones no afecta a la seguridad de los dispositivos al poder recibir ataques informáticos más rápidos e intensos (en insistencia) o a la duración de las baterías”.

En definitiva, muchas personas velan para que el 5G no dañe nuestra salud. Estamos desperdiciando fuerzas que podríamos emplear en dar a conocer los peligros del cambio climático o los devastadores efectos del tabaco. Y podemos hacerlo a través de nuestro teléfono móvil. La tecnología es segura.

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