El Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) ha publicado un informe que analiza las principales evidencias científicas revisadas en el marco de un programa promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuya principal conclusión es que los estudios experimentales no muestran que la exposición a corto plazo a las radiofrecuencias, en las condiciones analizadas, perjudique nuestra memoria, atención o capacidad de concentración.
El documento reúne y examina los resultados de dos grandes revisiones científicas publicadas en 2024, que abordan el problema desde perspectivas diferentes. Mientras la primera estudia qué sucede cuando una persona se expone durante periodos cortos a campos electromagnéticos de radiofrecuencia, como los utilizados en las comunicaciones móviles; la segunda analiza qué ocurre cuando esa exposición se mantiene durante meses o años. Esta distinción es fundamental, porque no es lo mismo comprobar si las ondas afectan inmediatamente a nuestra concentración, que determinar si pueden influir en nuestras capacidades mentales después de mucho tiempo.
La memoria y la concentración no muestran un deterioro por la exposición a corto plazo
La primera revisión analizó 76 estudios experimentales realizados en 19 países, con un total de 3.846 participantes. En ellos se comparó el rendimiento de personas expuestas a radiofrecuencias con el de otras que se encontraban en condiciones de exposición simulada. Los investigadores examinaron aspectos tan cotidianos como recordar información, mantener la atención, reaccionar ante determinados estímulos, resolver problemas o responder correctamente a diferentes pruebas.
Los resultados no mostraron diferencias estadísticamente significativas atribuibles a la exposición en ninguno de los análisis conjuntos realizados. De esta manera, se puede concluir que las personas expuestas a las radiofrecuencias no demostraron pensar más despacio, concentrarse peor o cometer más errores por el hecho de haber estado expuestas, en las condiciones y tareas estudiadas.
La evidencia fue especialmente consistente para determinadas capacidades relacionadas con la atención, la velocidad de respuesta y la memoria de trabajo, es decir, la que utilizamos, por ejemplo, para recordar temporalmente un número de teléfono o realizar un cálculo mental.
Los expertos destacan que estas conclusiones cuentan, en buena parte de los aspectos evaluados, con un grado de confianza moderado o alto. Sin embargo, no todas las capacidades mentales se han investigado con la misma profundidad y todavía existen áreas en las que los resultados son menos concluyentes.
¿Y qué ocurre cuando utilizamos el móvil durante años?
La segunda revisión se centró en averiguar si la exposición habitual a las radiofrecuencias durante periodos prolongados puede estar relacionada con cambios en nuestras capacidades cognitivas. Para ello, los investigadores examinaron cinco estudios realizados a partir de cuatro grupos de población seguidos a lo largo del tiempo, que reunían a 4.639 participantes de Australia, Singapur y Suiza.
Los resultados tampoco encontraron, en términos generales, una relación consistente entre una mayor exposición y un peor funcionamiento de la memoria, la atención, el aprendizaje o la capacidad de razonamiento. No obstante, los investigadores son prudentes y advierten que el número de estudios disponibles es todavía pequeño y la calidad de las pruebas científicas resulta insuficiente para descartar con seguridad cualquier posible efecto a largo plazo.
Esta diferencia es importante para interpretar correctamente el informe, ya que supone que el hecho de que la ciencia no haya encontrado pruebas convincentes de un daño, no significa que haya demostrado que cualquier exposición, durante cualquier periodo de tiempo, carezca por completo de efectos. Por este motivo, los autores insisten en la necesidad de continuar investigando, especialmente entre niños, adolescentes y personas mayores, así como en relación con las nuevas tecnologías y las diferentes formas de utilización de los dispositivos móviles.
No hay que confundir las ondas del móvil con nuestros hábitos digitales
El informe también llama la atención sobre una cuestión que con frecuencia pasa desapercibida, y advierte de que una cosa son las radiofrecuencias que utiliza un teléfono para comunicarse, y otra muy diferente es el uso que hacemos de ese teléfono.
Pasar muchas horas mirando una pantalla, utilizar el móvil antes de dormir o interrumpir constantemente una actividad para consultar mensajes y redes sociales, son comportamientos que deben estudiarse por separado de los posibles efectos físicos de las radiofrecuencias, ya que el hecho de que una persona utilice mucho el teléfono no permite atribuir automáticamente cualquier cambio en su concentración o memoria a las ondas electromagnéticas.
Por este motivo, los investigadores consideran necesario desarrollar estudios que distingan adecuadamente la exposición real a las radiofrecuencias de los hábitos asociados al uso de los dispositivos digitales, al tiempo que recomiendan ampliar las investigaciones sobre nuevas generaciones de tecnologías móviles y mejorar la medición de la exposición.
Una llamada a la tranquilidad, pero también al rigor científico
Este informe del CCARS ofrece un mensaje relevante para millones de ciudadanos que utilizan diariamente teléfonos móviles y otras tecnologías inalámbricas, y que parte de que la evidencia experimental más sólida disponible no muestra que la exposición a corto plazo a radiofrecuencias, dentro de los límites recomendados y en las condiciones investigadas, perjudique las capacidades mentales estudiadas.
La conclusión para la ciudadanía es sencilla: los datos científicos disponibles no justifican afirmar que las ondas del teléfono móvil estén deteriorando nuestra memoria o nuestra capacidad de concentración.