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Nos habéis preguntado por un audio en el que un hombre que no se identifica niega la existencia de la pandemia y del SARS-CoV-2 a través de afirmaciones falsas como que "estamos frente a un programa terrible de activación de patógenos, virus, bacterias, parásitos, hongos, algas, etc.". En repetidas ocasiones señala que lo que realmente ocurre es que “se ha iniciado un campo magnético" que provoca "una activación de microorganismos; no solo de un virus, sino de toda la flora microbiana" y que esta es la verdadera causa por la que la gente está enfermando. 

La persona que habla en el audio dice “estar muy empapado en la medicina” o estar “frente a los lugares donde se manejan a los pacientes críticos”. Sin embargo, no hay prueba alguna de que sea así: la única alusión que hace a su identidad durante los casi 10 minutos que dura el audio es que “ni dirá ni quién es ni dónde está” puesto que lo que le interesa “es que se viralice solo el mensaje y no el personaje”. 

Los campos electromagnéticos no "activan microorganismos"

La afirmación en la que puede resumirse el audio es que durante las últimas semanas se habría activado un campo magnético y que este, a su vez, habría activado los microorganismos de nuestro cuerpo. "No solo de un virus [en referencia al SARS-CoV-2], sino de toda la flora microbiana", apunta. Sin embargo, este tipo de fuerza no podría tener ese efecto, ni en nuestro organismo ni en cualquier otro ámbito.

Según señala a Maldita Ciencia Alberto Nájera, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS), que un campo electromagnético sea capaz de activar a determinados microorganismos "es una más de las barbaridades pseudocientíficas que podrían tener cabida en una película de ciencia ficción pero que, por suerte o por desgracia, no es posible en la vida real".

Además, el experto señala que a lo largo del audio se habla de los microorganismos "como si fueran todos iguales" y obviando toda evidencia o conocimiento en microbiología. "No funcionan así", confirma. "Es una patada tras otra al conocimiento sobre estos organismos. No es lo mismo un liquen o un hongo que una bacteria o un virus. No, no podremos activarlos y, por desgracia y lo que sería más interesante, desactivarlos en esta pandemia. Sería fantástico poder desactivarlos mediante un campo magnético".

¿Qué es en realidad un campo electromagnético? Es una de las fuerzas básicas de la Naturaleza. Es la que ejercen, por ejemplo, los imanes entre sí o sobre ciertos objetos metálicos o cargas eléctricas. "Cuando ponemos una carga o un objeto metálico en las inmediaciones de un imán, este experimenta una fuerza que lo empuja lo orienta o lo mueve. A esa 'presencia', 'ámbito de acción' o 'zona de influencia' del imán le llamamos campo magnético", explica Nájera. También pueden ser creados por cargas en movimiento, no solo por imanes y se caracterizan por su dirección y magnitud. "Cuanto más cerca de la fuente de ese campo, mayor será su magnitud", añade.

Los “microteslas” no tienen nada que ver con los conceptos mencionados en el audio (ni activan microorganismos)

Otra de las afirmaciones que se hacen en el audio es que esta supuesta activación de los microorganismos del cuerpo y su correspondiente conversión en "elementos agresores a nuestra economía celular" sería el resultado del “aumento del voltaje de las microteslas”. Esto, según la persona que habla, "sería como aumentar la frecuencia electromagnética del entorno que emite señales tan fuertes que pueden, en lo invisible y de forma inadvertida, activar muchos microoganismos". 

Esta afirmación no tiene ningún sentido: además de que, como ya hemos dicho, esta fuerza no es capaz de activar ningún tipo de microorganismo, Nájera explica que "hablar de frecuencia midiéndola en microteslas sería como hablar de distancia midiéndola en kilogramos".

¿A qué se debe esta comparación? A que en Física cada magnitud se mide en unidades diferentes: la masa en gramos, la distancia en metros, el tiempo en segundos, la velocidad en metros por segundo (cuántos metros recorro en un segundo), por ejemplo. "En el caso de la frecuencia, se utilizan los Hercios (o número de ciclos o vibraciones por segundo) y en el del campo magnético, el Tesla", recuerda Nájera. Sin embargo, como esta última es una unidad muy grande, se usan los microteslas. "Usar Teslas para medir el campo generado por una batidora, por ejemplo, sería como usar el kilómetro para medir el tamaño de un folio", señala el experto.

Para entendernos, un microtesla es la millonésima parte de un Tesla, la unidad de medida en el Sistema Internacional de la inducción electromagnética, que nos sirve para medir la presencia e intensidad de los campos magnéticos. "Pero los campos magnéticos a los que estamos sometidos son muy pequeños. Como referencia, el terrestre es de entre 25 a 65 microteslas y los campos extremadamente intensos (los que usamos en una resonancia magnética para explorar una rodilla o un tobillo, por ejemplo) son del orden de 1 o 2 Teslas”, explica Nájera. Sin embargo, no tienen nada que ver con la frecuencia, que es la magnitud a la que hace referencia el audio. De hecho, como decíamos, esta se mide en unidades diferentes, los hercios (Hz).

Hay más referencias a los microteslas en el audio: dice que son causa de insomnio; dolor continuo de cabeza, hombros y espalda; mareos continuos; zumbido en los oídos o sensación de ansiedad, entre otros. "Son síntomas diversos porque los microorganismos se activan, al aumentar la frecuencia electromagnética del entorno más de 100 microteslas a un total de 700", afirma el audio. Sin embargo, ni el propio autor parece tener claro esta cifra, ya que posteriormente habla de otras cifras para referirse esta misma teoría conspiranoica (habla de 600 o 400 "niveles de microteslas" en nuestro entorno). De nuevo, falso. En primer lugar porque los microteslas no miden la frecuencia electromagnética. 

"Es frecuente que en los movimientos conspiranoicos se mezcle todo. También los diferentes campos y frecuencias. Para este tipo de frecuencias de radiofrecuencia, solemos medir la exposición en otras unidades de densidad de potencia en vatios por metro cuadrado (W/m2)", aclara.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones en Maldita Ciencia, incluso para todos estos campos electromagnéticos que no tienen la energía suficiente para dañar moléculas o átomos (es decir, no son ionizantes) existe una agencia internacional independiente, la Comisión Internacional de Protección de Radiación no Ionizante, que establece límites de exposición máximos en base a la evidencia científica disponible (que se revisan y publican periódicamente) para que estemos seguros en nuestras casas.

"A determinamos valores muy elevados de estos campos se producen efectos de calentamiento que podrían tener efectos sobre la salud. Ahora bien, siempre que estemos por debajo de esos límites, estaremos seguros", afirma Nájera.

La causa de la pandemia por COVID-19 sí es un virus

Como otros muchos argumentos y discursos negacionistas de la pandemia por SARS-CoV-2, la persona que habla en el audio (después de haber tratado de relacionar microorganismos con campos electromagnéticos) afirma que la causa de la crisis sanitaria actual "no es un virus". "Dependiendo de la persona y del patógeno de turno que se logre activar, provocará trastornos digestivos, respiratorios, neurológicos, urinarios, hormonales, cardiocirculatorios... y es eso lo que está entrando los hospitales", dice. Esto no es cierto: la pandemia sí está causada por un virus, el SARS-CoV-2, un virus respiratorio.

Como apuntan las evidencias científicas, la COVID-19 es una enfermedad causada por este coronavirus cuya consecuencia en los pacientes sintomáticos es un síndrome respiratorio agudo severo. Es decir, a pesar de que los síntomas involucren otros sistemas de nuestro organismo y de que estos sean de naturaleza diferente, se trata de una patología respiratoria.

Uno de los argumentos que expone el audio para afirmar que la pandemia no es obra de un virus es que no se están utilizando tratamientos antivirales en los hospitales. "Estamos usando de todo, pero no antivirales", afirma.

Como ya contaba en Maldita Ciencia Víctor Jiménez Cid, catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), actualmente existen fármacos antivirales frente a cuatro virus: el virus de la gripe, los herpesvirus (que causan herpes y varicela), el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el virus de la hepatitis C.  

Y estos tratamientos, ¿sirven de alguna manera contra el coronavirus SARS-CoV-2? "Los antivirales son bastante específicos. Son moléculas que inhiben una función para su multiplicación y sus dianas son muy específicas para cada virus. No suele haber actividad cruzada contra otros virus", aclaraba Jiménez.

Las pruebas PCR sí son capaces de detectar si una persona está infectada por SARS-CoV-2

De nuevo en la línea de los grupos negacionistas, durante el audio se pone en duda y se critica el uso de pruebas PCR para detectar los pacientes infectados por el virus SARS-CoV-2. Afirma, de hecho, que cuando una persona con estos microorganismos activados "llega a un hospital, se le hace la prueba coronavirus y no tiene, se entonces piensa que no es, pero es lo mismo que tener la positividad, porque cuando es positivo es cuando ya se ha activado una serie de antígenos que dan positivo en una prueba rápida o en una prueba PCR". A través de esta y otras afirmaciones similares da a entender que las pruebas pueden dar tanto falsos positivos como negativos y que, de hecho, no solo detectan el SARS-CoV-2, sino los antígenos generados por el cuerpo a raíz del contacto con otros patógenos. Sin embargo, como hemos contado en otras ocasiones, las pruebas PCR que se usan para diagnosticar la COVID-19 no son inespecíficas: solo detectan el SARS-CoV-2.

Los cebadores para amplificar (sustancias necesarias en la reacción en que se basa las PCR) son específicos para SARS-CoV-2 (el coronavirus que causa la enfermedad) y no para otros virus”, señalaba en Maldita Ciencia, José Manuel Bautista, catedrático de Biología Molecular que coordinó el laboratorio de detección COVID-19. Hay otros PCR generalistas para detectar más coronavirus, pero los que se usan ahora son altamente específicos”, añadía.

La vacuna sí es útil para acabar con la pandemia

En la línea del discurso negacionista, el audio sugiere que la futura vacuna contra la COVID-19 que esperamos que ayude a superar el cuadro no es útil, sino que “hay que superarlo por uno mismo a través de la producción de anticuerpos”. 

Sin embargo, esto mismo es lo que conseguimos al vacunarnos. Al introducir en nuestro organismo un antígeno (virus o bacteria) desactivado a través de una vacuna, el sistema inmune actúa como si este estuviera vivo y se arma contra él. "De este modo, el individuo queda protegido y ante una segunda infección, que puede ser con el virus o bacteria ya 'vivo', lo reconocen antes y acaban con él", explicaba a Maldita Ciencia Noelia Casares, experta en inmunología e inmunoterapia en el Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra. Es decir, mediante la vacuna es posible generar anticuerpos de forma mucho más rápida y eficaz y sin tener que pasar por la infección. 

La COVID-19 no está relacionada con un metabolismo ácido

Más adelante, la persona que habla en el audio achaca los numerosos casos asociados a problemas en el sistema respiratorio a una serie de circunstancias que llegan a "saturar al organismo de cargas positivas que provocan un metabolismo ácido". Esto haría, según afirma, que comenzase una cascada inflamatoria irreversible. La solución que plantea es que el sujeto se alcalinice. "Alcalinícense, tome líquido que provoquen alcalinización: verduras, legumbres, hortalizas, agua de mar... Sí, todo eso ayuda. Pueden utilizar también dióxido de cloro, CDS, MMS". Para variar, falso.

En primer lugar, aunque es verdad que los niveles de acidez o alcalinidad del entorno pueden afectar al virus, no lo es que podamos cambiar el pH de nuestro cuerpo con lo que comemos y así combatir la infección. De hecho, ya desmentimos aquí otra cadena que aseguraba que una dieta alcalina podía combatir el coronavirus. “El tema del metabolismo ácido y la dieta alcalina se ha tratado en innumerables ocasiones. No, no podemos modificar la acidez de nuestra sangre a través de la alimentación. Ni es necesario ni orientar nuestra alimentación en ese sentido es saludable”, coincide Nájera.

"Todos los virus mueren en pH extremos, tanto ácidos como básicos", explicaba a Maldita Ciencia Pepe Alcamí, virólogo del Instituto de Salud Carlos III, y por eso usamos para desactivarlos productos como la lejía. "Pero una cosa es inactivar el virus en superficies y otra inactivarlo a base de subir o bajar el pH del organismo. Nos sentaría mal beber lejía para inactivar al virus en la garganta por ejemplo. Es cierto que si nos matamos a base de subir o bajar el pH el virus no sobrevive porque no puede infectar nuestras células, pero me parece una solución muy radical", bromea. El agua de mar o las gárgaras con agua y sal tampoco son un remedio contra la COVID-19 y lo mismo sucede en el caso del MMS y del DCS. 

El biomagnetismo es una pseudociencia y no hay ninguna evidencia de que la precipitación de cargas positivas en la naturaleza sea eficaz contra alguna patología. Ni lo uno ni lo otro funciona contra la COVID-19

Otra de las propuestas del audio es que, para evitar todos los síntomas que ya hemos mencionado así como las supuestas patologías que atribuye a estos campos electromagnéticos es buscar la naturaleza. De esta forma, dice, “se precipita a tierra toda esta carga positiva que provoca metabolismo ácido, mórbido y que activa patógenos”. “Un campo electromagnético solo puede ser bloqueado por un campo biomagnético con una mayor facilidad y rapidez [...] el biomagnetismo: logra provocar un equilibrio en las cargas y provoca un efecto de espontánea recuperación, sin nada de químicos”. Sin embargo, en Maldita Ciencia ya explicamos por qué el biomagnetismo cura ni proteger del coronavirus (ni de ninguna otra enfermedad): es una pseudoterapia.

* Este artículo es una colaboración mensual entre Maldita Ciencia y el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud.

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